¿Te has dado cuenta de lo desagradable que te resulta una persona cuando te habla con brusquedad?
Pues haz a los demás lo que quisieras que hicieran contigo.
Aún cuando tenga que hacer alguna represión, hazlo con calma y educación, como fueran tus deseos si debieran reprenderte cuando yerres.
Acuérdate de que es común que nos odien o nos amen, dependiendo de nuestro tono de voz al expresarnos.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.