Si sufrimos es que estamos cosechando los frutos amargos de los errores que sentamos anteriormente.
¡Pon tu atención en el momento presente!
Siembra sólo semillas de optimismo y amor, y recogerán mañana los frutos maduros de alegría y felicidad.
Cada uno recoge, mi más ni menos, lo que sembró.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.