Si los demás te abandonan, continúa tu marcha.
Si tus caminos se vuelven oscuros, tienes una razón más para mantener encendida la luz pequeña de tu fe.
No dejes que esa luz se apague porque te quedaría a oscuras.
Ilumina con tu luz la oscuridad que te rodea.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.