No destruyas los bienes que la naturaleza pone a tu disposición para que te sirvan.
Coopera con los árboles que colaboran con tu vida, purificando el aire que respiras. Colabora con la pureza de las fuentes, que te proporcionan el agua para refrescar tu cuerpo. Ayuda al suelo a producir, para que haya pan abundante en la mesa de todos. ¡colabora con la naturaleza!
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.