Y trata de mantener vivo el buen humor de todas las personas que te encuentres en la vida.
La alegría es medicina divina. La tristeza, en cambio, nos hunde en un mar de barro, que salpica y ensucia a los que se nos acerca.
También en los sufrimientos y penas, trata de ser alegre, porque la alegría es la mayor medicina para conseguir la felicidad.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.