Pobreza no es falta de dinero: pobreza verdadera es la falta de comprensión.
El que comprende la vida, que sabe decir una palabra de aliento, que tiende la mano compasiva al que sufre, que sabe inspirar alegría y optimismo, es rico, inmensamente rico de amor, cuyas fuentes son inagotable, aunque lo compartas con miles de personas.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.