Nada en el mundo puede acabar con la felicidad de una persona optimista y alegre.
Cuando llegue el sufrimiento, recibelos con calma y no te dejes dominar por ellos.
No ponga la felicidad en las cosas extrenas que te lleguen.
Construy tu felicidad dentro de ti mismo: centra tu dicha en el progreso permanente de la vida espiritual, en la sabiduría del corazón.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.