Todo ser humano está en el derecho de escoger su propio camino.
Respeta la libertad religiosa de los demás, de la misma manera que deseas que respeten la tuya.
No discutas ni quiera sacar a los otros del camino en que se encuentran, a menos que te hayan llamado precisamente para ello.
Respeta, si quieres que te respeten.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.