Sólo la verdad nos dará paso a la perfección, porque nos permite conocer lo que somos de verdad.
Y sólo alcanzaremos la perfección cuando nos conozcamos, para poder corregir los defectos y dedicarnos a la conquista de las virtudes que nos faltan.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.