Trata de obrar, hacer siempre algo para el bien de otro, aunque solo sea una palabra de aliento, una atención amable, una sonrisa de estímulo. Haz algo para bien del prójimo, y llegará la alegría y felicidad a tu corazón.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.