La derrota depende de nosotros, a la par que el triunfo. Sin embrago, la peor derrota es la de quien desanima.
Perder no siempre es derrota. Pero el desaliento arruina completamente la vida.
No te desanimes nunca.
Sigue adelante con valentía; porque el triunfo el sonríe únicamente a los que no se paran a mitad del camino.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.