La agitación de la vida no debe afectar nuestro verdadero yo, nuestra alma. No puede hacernos olvidar lo más importante.
La chispa divina, que está en nosotros, es nuestro yo real, de la que el cuerpo es solamente un destello.
Por tanto, procura vivir más intesantemente tu vida interior, la vida de tu verdadero yo, de tu alma.
Pero no olvides que la solución de nuestros problemas está dentro de nosotros mismos, en la palabra silenciosa que nace de nuestra conciencia, que es la voz de Dios en nuestro interior No te engañes: sólo tú eres el responsable del camino que elijas. Nadie responderá por ti. Por eso, vive realmente, de acuerdo con tu conciencia.