Una palabra oportuna, una sonrisa de aliento, un pensamiento edificante son, la mayoría de las veces, el comienzo del éxito de los que nos rodean.
Cuando veas tristeza o preocupación, trata de ayudar.
Si no está en tus manos hacer algo, habla.
Si no puedes hablar, al menos piensa profundamente y desea la felicidad, que ell@ alcanzará su objetivo.
¡Ayuda siempre!
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.