Medita en tus responsabilidades ante el mundo y ante Dios.
De ti dependen las personas que te rodean: en la familia, en el trabajo, en la sociedad.
No huyas de las responsabilidades que asumiste.
Realiza tu trabajo con amor, produciendo lo más que puedas y lo que te permita tus fuerzas.
En tus manos está una parte del futuro de la humanidad.
Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo. En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros. Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.